Guerrero de Piedra
El gigante da vueltas como un
puma acorralado en lo alto del torreón. Blande con fiereza una espada y una
porra, mientras que su atrora reluciente armadura pectoral, ya no puede
reflejar los fulgurantes rayos del gran Inti debido a las grandes salpicaduras
de sangre que lo manchan y que testifica la terrible lucha que en ese punto se
viene desarrollando. Como era de esperarse, el ataque castellano y el de sus
aliados ha sido devastador y mortífero, las
imponentes murallas de Sacsayhuamán han caído pese a la férrea resistencia
indígena y sólo el torreón de Muyucmarca resiste a duras penas. A su lado,
decenas de sus hombres yacen muertos o heridos entre montones de piedras y
saetas, retumbando en el aire los
cánticos de guerra y el estruendo de arcabuces y culebrinas.
Las escalas siguen adosándose al
poderoso torreón y las cabezas de los indios Cañaris, aliados de los españoles,
siguen asomándose amenazadoras; de vez
en cuando un morrión de hierro castellano aparece por uno de los bordes y la
respuesta es la misma: un certero golpe de porra que tritura en el momento las
ansias más acérrimas de tomarlo prisionero, pues la orden es esa, apresarlo, no
matarlo.
Los minutos pasan, ya no tiene
guerreros a su lado, todos han caído combatiendo, finalmente el torreón es
asaltado por diversos lugares, más de los que puede defender. Ya todo está
perdido, pero hay algo que aún no le arrebatan: Su honor y su entereza.
Cuando llanques y botas enemigas
pisan el pétreo suelo ensangrentado de la torre, el cacique no lo piensa dos
veces, si lo quieren, será muerto, no vivo. Recoge su gran capa y envolviéndose
con ella corre hacia uno de los bordes aún no conquistado y se lanza al vacío,
precipitándose a una muerte segura.
¿Les parece conocida esta
historia?
A este noble y gran guerrero que
participó y se inmoló en la Batalla de Sacsayhuamán, allí por el año 1536, la
mayoría lo conoce como Cahuide, pero su verdadero nombre probablemente fue Titu
Cusi Huallpa. Un Orejón o Cacique cuzqueño perteneciente a la realeza incaica, General
de Manco Inca, éste último descendiente de la misma casta que luchó
encarnizadamente en contra de los atropellos españoles hacia su pueblo.
Sin embargo, a diferencia de la
imagen que uno tiene (y que presentan) del gran guerrero en la batalla acontecida,
éste NO estaba ataviado como quizá recordamos en la representación de nuestras láminas
escolares, es decir, con unku, mascaipacha emplumada, escudo de madera, cuadrado y pequeño y maza o estólica.
Luego de innumerables enfrentamientos
entre castellanos e indios, estos últimos habían aprendido las tácticas de guerra
españolas y se vestían con las armaduras de los vencidos y caídos en batalla y se
habían adaptado a luchar con las armas conquistadas. Por tanto, nuestro
indómito guerrero parecía más un formidable soldado español que uno incaico
(Crónicas de Pedro Pizarro).
Actos como este, abundan en la
historia desde que se forjaron los cimientos de la futura independencia de
nuestro querido Perú.



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